¿Qué es lo siguiente para los gigantes tecnológicos, la confianza y la política?

Información privilegiada sobre nuestro futuro conectado desde la primera línea de Intel.

Con el mundo entero luchando contra la COVID-19, se ha disparado el interés en las tecnologías que permiten la conectividad, la productividad y la comunicación en línea. Millones de profesionales trabajan ahora desde casa, asisten a reuniones virtuales y colaboran en línea; los procesos laborales se han transformado.

«Los usuarios finales deben siempre valorar los riesgos y las ventajas, pero la sociedad en conjunto no necesita aceptar mayores riesgos cuando hay soluciones tecnológicas».

Los cambios se han producido en cuestión de semanas y en todos los ámbitos de nuestras vidas: colegios y universidades impartiendo clases en línea, asistencia sanitaria a distancia por telesanidad, y sesiones de gimnasio en línea, sin olvidarnos de hacer la compra por Internet. De repente, la tecnología se convirtió en el centro de todo aquello para lo que antes era una herramienta complementaria. La confianza en la tecnología, y su fiabilidad, se volvieron aún más importantes.

Alguien que se encuentra en una posición casi única para poder comentar el panorama actual es Claire Vishik, directora de GMT (gobierno, mercados y comercio) de Intel. El trabajo de Vishik es comprender las conexiones entre la política, la normativa y los estándares en todo el mundo y el espacio tecnológico, y estas conexiones son esenciales para garantizar que los usuarios acepten la economía digital.

Uno de los principales problemas que la pandemia del coronavirus ha subrayado es el de la confianza, no solo en que la tecnología funcione como los usuarios esperan que lo haga, sino que las empresas tengan la suficiente confianza en la tecnología para permitir a sus empleados trabajar desde casa mientras sigan en vigor las medidas de confinamiento.

Los gobiernos confiaron en empresas tecnológicas para seguir prestando servicios y afrontar las situaciones de sus comunidades bajo confinamiento. La industria dio un paso más allá de adaptar sus entornos laborales a modelos de trabajo desde casa. En otras áreas, como la educación, surgieron nuevas soluciones tecnológicas y de asistencia. Intel, por ejemplo, presentó una respuesta a la COVID de 50 millones de dólares que contribuye a áreas como la educación y la atención sanitaria en línea.

«Es bastante sorprendente ver cómo gran parte del mundo se ha vuelto de repente digital», dice Vishik. «Las reacciones de emergencia a la pandemia han demostrado cuánto dependemos de las soluciones tecnológicas. El hecho de que un porcentaje tan alto de la población de muchos países comenzara a trabajar desde casa, utilizando tecnología para reuniones y buena parte de sus actividades, incluyendo la compra diaria y las clases, demuestra que hay confianza general en la tecnología».

Pero la lucha por controlar y suprimir el virus ha impulsado nuevos desarrollos que podrían requerir una reevaluación de los modelos de confianza, privacidad y seguridad. Aplicaciones como el rastreo de contactos plantean nuevas preguntas a defensores de la privacidad, profesionales sanitarios, tecnólogos y reguladores. Estos expertos abordaron las respuestas de forma distinta en diferentes países y regiones. El futuro necesitará un enfoque unificado para poner rápidamente en marcha las herramientas de control de pandemias.

Durante las tres últimas décadas, la industria ha creado principios de confianza razonablemente armonizados en lo que respecta al uso de dispositivos conectados, especialmente cuando hablamos de confianza técnica. En este caso, los enfoques normalizados, por ejemplo desarrollados por el Trusted Computing Group (TCG) se han definido y adoptado ampliamente. La mayoría de los países han desarrollado estrategias de seguridad cibernética para proteger a los usuarios y a sus activos en el ciberespacio.

 Europa abanderó los enfoques normativos y técnicos de la privacidad y la protección de datos, y los principios y tecnologías de privacidad se usaron ampliamente en la pandemia de la COVID-19. En muchos países, los portales relacionados con pandemias utilizan datos minimizados o anonimizados en conjuntos de datos agregados o anonimizan los datos en las consultas. Pero aún hay que crear tecnologías de aplicación general para rastrear contactos.

A medida que las tecnologías sigan evolucionando, habrá que desarrollar nuevas tecnologías de privacidad. Intel lleva tiempo trabajando para llevar tecnologías que mejoran la privacidad a nuevas áreas tales como la inteligencia artificial. Ya existen tecnologías que protegen la privacidad para la IA, por ejemplo el cifrado homomórfico o el aprendizaje automático federado. Estas tecnologías ya se usan en diversos entornos sanitarios, especialmente como asistencia a la investigación.

«Creo que es responsabilidad de tecnólogos y gobiernos hacer todo lo posible para minimizar los riesgos», dice Vishik. «Los usuarios finales deben siempre valorar los riesgos; y la sociedad en conjunto debe comprender y mitigar los riesgos de las soluciones tecnológicas».

En tiempos como este de la pandemia de la COVID-19, la colaboración público-privada que ya es fuerte en las áreas de la seguridad y la privacidad, ha aumentado aún más. Vishik dice que no ha visto ningún aumento negativo importante en esta área durante la pandemia del coronavirus, y la industria sigue asesorando a los gobiernos sobre las medidas que se han de tomar para proteger la seguridad de los datos y la privacidad de los usuarios. «En cualquier caso, la dirección ha sido positiva a causa de los muchos problemas inmediatamente procesables que requieren soluciones urgentes», afirma. Para los gobiernos se trata de mejorar su comprensión de cómo funcionan las tecnologías, mientras que las empresas deben entender los casos de uso gubernamentales, analizar tempranamente las consecuencias no deseadas y poseer procesos basados en estándares fuertes para asegurar el ciclo de vida de desarrollo y las características de privacidad de sus productos.

La COVID-19 es un problema global, y diferentes países y regiones han desarrollado sus propias estrategias de seguridad, privacidad y protección de datos. Por ejemplo, en la Unión Europea y el Reino Unido, la privacidad y la protección de datos se basan en principios, mientras que en los Estados Unidos las leyes federales se centran en las necesidades específicas de cada sector de mercado, por ejemplo la asistencia sanitaria o las finanzas. Aunque los enfoques de las normativas de privacidad y de protección de datos son diferentes, los objetivos estratégicos son similares en muchos casos. Tenemos una economía global, y estamos utilizando las mismas tecnologías. Como resultado, en muchos casos, ya existe un buen nivel de armonización mediante normas internacionales, esfuerzos de múltiples interesados e investigación y desarrollo que hace posible que investigadores y reguladores trabajen juntos en muchos temas.

Pero, ¿y después de controlar la pandemia, cuando la vida vuelva a ser algo más normal? «Para todo el mundo está claro que los datos se han convertido en uno de los pilares de las tecnologías emergentes», dice Vishik. «Creo que habrá muchos nuevos casos de uso asociados a nuevas formas de procesar los datos, en áreas como la inteligencia artificial o las ciudades inteligentes. Es probable que surja un nuevo paradigma informático, con mayor potencia de cálculo en dispositivos y plataformas, y en el borde de la red con un ancho de banda casi ilimitado, y avances en robótica que tendrán un gran efecto en la forma en que la sociedad funciona».

Esta proliferación de nuevas tecnologías y modelos de uso hará surgir más dudas sobre la fiabilidad. Las empresas tendrán que demostrar que sus nuevos sistemas, incluyendo los entornos de inteligencia artificial, pueden proteger la privacidad de los usuarios y que usan los datos de forma ética. Para la IA, se esperará que siga los futuros principios de la IA responsable: que sea inclusiva, libre de sesgos, con metodologías transparentes y explicables.

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