El mundo de la tecnología culinaria no se mueve precisamente a un ritmo vertiginoso. El primer horno de gas se patentó en 1826 y el primer ejemplo de versión eléctrica apareció antes de finales de siglo, pero el concepto de meter comida en una caja caliente se remonta a mucho más atrás. La última invención importante fue el microondas, e incluso eso fue hace más de 70 años.
«Una revolución en preparación de alimentos podría tener enormes implicaciones en la forma de alimentarnos»
Sin embargo, en los últimos años se ha estado cociendo una revolución en la elaboración de comida que podría tener grandes implicaciones en la forma en que nos alimentemos en el futuro. La impresión 3D es el proceso de crear objetos tridimensionales desde archivos de diseño digital. Existe desde los años 80, pero solo en los últimos 10 años se ha convertido en una tecnología mucho más accesible. Ahora incluso particulares y negocios pequeños pueden permitirse impresoras 3D para crear productos y prototipos rápida y fácilmente a pequeña escala. Ya ha tenido un gran impacto en la industria manufacturera y parece que se está haciendo más influyente a medida que la informática perimetral se convierte en la norma.
En el mundo alimentario todavía está en pañales, pero se acerca un futuro de impresión 3D que hará la boca agua. Ya existen varios impresoras 3D basadas en alimentos, pero muchas, como Brill 3D Culinary Studio* y la Choc Edge*, simplemente automatizan procesos decorativos complejos para ahorrar tiempo y esfuerzo a los operarios humanos. Por supuesto, no hay nada malo en ello, y cualquier medida de simplificación del trabajo es muy bienvenida por aquellos a los que se les ahorra trabajo, pero no es el replicador de Star Trek* que mucha gente imagina cuando piensan en la impresión 3D de su comida.
Foodini* de Natural Machines acerca un poco ese sueño, utilizando cápsulas de acero llenas de ingredientes frescos para preparar creaciones listas para el horno. Y aunque aún hay que cocinarlas, demuestra muchos de los beneficios básicos que puede ofrecer la comida impresa en 3D.
Además de eliminar parte del esfuerzo de la preparación, el control adicional que ofrece automatizar la creación abre todo un mundo de posibilidades en torno a la presentación. Para muchos esto podría ser simplemente la capacidad de hacer que sus platos parezcan esculpidos por las manos de un gran chef, pero para padres podría tener consecuencias completamente diferentes. A los niños no sueles gustarle un plato de comida saludable por las formas extrañas de las verduras, pero comerán con gusto algo hecho con forma de dinosaurio o alguno de sus personajes de dibujos animados favoritos. Una impresora 3D puede tomar ingredientes saludables y convertirlos en cualquier forma imaginable.
Por supuesto, los chavales no son los únicos que comen primero por los ojos. Las impresoras 3D de comida pueden tomar ingredientes desagradables y convertirlos en algo completamente apetecible. Los desechos alimentarios son un problema enorme, ya que acaba en la basura un 13 % de la comida y bebida comprada por los hogares del Reino Unido1 Y eso es probable que haya aumentado durante la pandemia de coronavirus, ya que la gente compra más en un intento por realizar menos viajes al supermercado.
Gran parte de lo que se tira a menudo es perfectamente comestible, pero tiene una apariencia menos apetitosa que cuando está fresca. Estas sobras pueden utilizarse para crear pastas para impresoras 3D, que a su vez producen esas obras de arte comestibles antes mencionadas, con lo que se tira a la basura menos comida.
En un mundo en el que las técnicas agrícolas modernas contribuyen significativamente a la emergencia climática de nuestro planeta, también tenemos que empezar a buscar fuentes alternativas de comida, especialmente para proporcionar la proteína que habitualmente viene de la carne. Muchas culturas de todo el mundo han comido insectos como parte de su dieta regular durante siglos, pero los países occidentales aún tienen ponerse que acostumbrarse. A mucha gente simplemente le repugna el aspecto de los escarabajos y las orugas con los que suelen picar más de 2.000 millones de personas de países como la República Democrática del Congo, Camerún y Sudáfrica. Al igual que con los niños y las verduras, las impresoras 3D de comida harán que este tipo de ingredientes sea mucho más apetecibles cuando sean irreconocibles.
De hecho, este control sobre los ingredientes es una de las clavesd de la comida impresa 3D. Con cada vez más gente que opta por dietas veganas, sin gluten o sin lácteos, las impresoras 3D de comida permitirán un mayor control sobre todos los ingredientes de cada plato. Junto a datos biométricos y de salud obtenidos de los dispositivos ponibles, una impresora 3D podría preparar platos equilibrados en cuanto a nutrientes en función de las necesidades corporales.
Este tipo de personalización puede ser particularmente útil en hospitales y asilos, donde los pacientes y residentes individuales necesitan comidas y medicación diferentes, pero aún es necesario preparar las comidas a gran escala. Poder ajustar la consistencia y textura de las comidas también podría permitir preparar platos para quienes tienen dificultades al masticar, sin reducir el alimento a una masa insípida. Las impresoras 3D de comida lo harán posible de una forma que no es viable usando métodos tradicionales de preparación de alimentos.
Por supuesto, una parte del proceso destaca por su ausencia: el cocinado propiamente dicho. Las impresoras de comida actuales te ofrecen un producto listo para hornear pero que aún necesita ser cocinado, aunque hay empresas que están empleando todos sus esfuerzos en convertir estas impresoras en máquinas todo en uno que utilicen láseres de distintos colores para calentar los contenidos.
Y eso no es todo. Otras exploran el uso de platos, cubiertos e incluso muebles comestibles impresos en 3D. Así que, si terminas la comida y aún tienes hambre, puedes darle un bocado a la mesa.
*Otros nombres comerciales y marcas pueden ser reclamados como propiedad de terceros.